¿Pasar hambre es malo?

Uno de los grandes miedos de cualquier persona que afronta una dieta es pasar hambre. Pero… ¿qué es el hambre y por qué tenemos tanto miedo a esa palabra? ¿Es normal pasar hambre? ¿Puede ser bueno pasar hambre?

Para empezar, hay que distinguir entre dos tipos de hambre: el hambre física y el hambre emocional.

El hambre física es la que surge como una respuesta de nuestro cuerpo ante la demanda de energía. Es un hambre ‘real’, que demanda nutrientes y no alimentos concretos. Este detalle es importante, porque se puede saciar con comida saludable.

El hambre emocional no es una respuesta de tu cuerpo. No es una señal que nos indique que tu organismo está demandando nutrientes. Se trata más bien de un deseo por un producto concreto, y las causas no son fisiológicas, sino que responden a otros motivos. Y no se sacia con cualquier alimento. Tiene que ser un producto concreto: chocolate, helado, chucherías, patatas fritas, pizza… El hambre emocional es más un antojo.

Si el hambre emocional no responde a una demanda fisiológica… ¿por qué se produce? Las causas son diversas, pero puede ser desde estrés laboral a una situación de ansiedad por un evento familiar o cualquier otra reacción nerviosa. A veces es simplemente una respuesta a una rutina o por distraernos. Comemos algo para pasar el rato o para postergar una tarea que no nos apetece hacer. Incluso podemos tener hambre emocional en base a un listado de alimentos ‘prohibidos’: dicen que no debo comer este alimento… pues ahora me apetece.

Si haces una dieta no vas a pasar hambre física. Si haces una dieta, vas a pasar hambre emocional

¿Es malo pasar hambre emocional? No. Hay que ser consciente de que comemos por muchas razones, y pocas veces es por necesidad fisiológica. Pero tenemos un miedo atávico al hambre porque era una señal que determinaba que estabas en peligro. Una alarma roja. Era una necesidad que había que cubrir con urgencia. Hoy día eso no sucede. Pasar hambre no va a matarte. No debes tener miedo al hambre y menos al hambre emocional, pero si no distingues entre un tipo de hambre y otro, asociarás el hambre emocional a la alarma roja de nuestros ancestros. Pero no te preocupes, porque ese miedo se puede controlar, dominar y vencer.

Es más, pasar hambre puede ser incluso positivo si sabes utilizarla en tu favor. El hambre es un estresor, un mecanismo desencadenante de estrés, que no es un elemento negativo por definición. El estrés, ciertas dosis de estrés, nos hace estar alerta y reaccionar mejor ante determinados estímulos.

La alimentación consciente se basa en aprender a comer escuchando a tu cuerpo. Saber diferenciar cuándo tienes hambre física de cuándo tienes un antojo. La alimentación consciente no es una dieta, sino que se trata de una forma de alimentarse que tiene como objetivo mejorar la forma en la que comemos. Es decir, a través de la alimentación consciente adelgazar deja de ser el objetivo para convertirse en la consecuencia de comer conectando con nuestras sensaciones físicas de hambre, saciedad y nuestras emociones.

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