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La Disciplina no es el enemigo: es el aliado

Cuando alguien escucha la palabra ‘disciplina’ la cabeza le lleva a conceptos como ‘sufrimiento’ o ‘dureza’. Imágenes que van desde un entrenamiento militar a un colegio muy severo donde se castiga el mínimo error. El cine está repleto de arquetipos sobre la disciplina que han construido esta imagen generalmente negativa de sufrimiento extremo.

Pero la disciplina no es un concepto negativo. Al contrario, se trata de una herramienta muy poderosa que nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos. La disciplina no es el enemigo. Es el aliado.

La autodisciplina es una herramienta fundamental cuando nuestros objetivos nos sacan de nuestra zona de confort. Siempre que salimos de esa zona en la que nos sentimos cómodos, necesitamos algo extra que nos ayude a vencer los frenos que implica pisar terreno desconocido.

Los estoicos consideraban la disciplina como uno de los grandes valores junto con la sabiduría, el coraje y la justicia. Ellos argumentaban que sin disciplina no hay libertad y que el auténtico esclavo es aquel ser humano que vive encadenado a sus pasiones y azotado por las emociones. Un ejemplo: el tabaco. Una persona adicta es esclava de una necesidad. La disciplina necesaria para dejar ese hábito proporciona una enorme libertad.

La regla número uno es plantearse objetivos claros y cuáles son los beneficios de lograr esos objetivos ya que, aunque no te lo creas, la forma en la que actúas siempre conlleva un beneficio por muy raro que te parezca. Por ejemplo, comer de manera impulsiva a priori puedes pensar que no te lleva a nada más que a no ser saludable pero seguramente detrás de ese comportamiento hay un beneficio como podría ser tapar una emoción o incluso un beneficio de comodidad.

Y como dicen el dicho “un clavo saca otro clavo”, si no tienes un beneficio más potente para cambiar será complicado a medio/largo plazo. Siguiendo nuestro ejemplo, si tu objetivo es comer de una manera saludable, los beneficios pueden ser lograr un peso idóneo para poder jugar con tus hijos o estar en forma para que no te duelan las articulaciones a diario. Por cierto, la disciplina no implica necesariamente privación. Comer de manera saludable no equivale a “dejar de comer lo que me gusta”.

La autodisciplina es una mentalidad y, por tanto, implica actuar de acuerdo a lo que piensas, no a cómo te sientes en un determinado momento. Por eso es tan importante marcarse objetivos claros y modificar tus hábitos diarios para alcanzarlos. No es algo con lo que se nazca sino que se trabaja.

En Gooder trabajamos la autodisciplina como lo que es: una herramienta al servicio de objetivos concretos, no como un elemento de privación o de castigo. En todos nuestros programas, se incluye el desarrollo de las capacidades de autodisciplina para alcanzar tus metas, dentro de una metodología que incluye el Coaching, la Formación Nutricional, el Ejercicio y La Tecnología.

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