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¿Cómo cuidar tu piel en momentos difíciles?

La piel es el órgano más extenso del ser humano, actuando como protección física, química y biológica ante agresiones externas. Además de actuar como primera línea defensiva del organismo frente a microorganismos, la piel sana mantiene el equilibrio de líquidos en nuestro organismo y contribuye a regular la temperatura corporal.  Por tanto, el mantenimiento de una piel sana es vital para preservar nuestra salud global y nuestro bienestar. 

Tres capas de protección

Sabemos que la piel se compone en tres capas principales: epidermis, dermis y subcutis o tejido celular subcutáneo, cada una de las cuales está formada por varias subcapas. Los anejos de la piel, como folículos y glándulas sebáceas y sudoríparas, también desempeñan un papel clave en sus funciones efectoras. 

La piel no es solo una barrera inerte, estática, sino que está en constante reciclaje. Además, actualmente se sabe de la existencia de ecosistemas microbianos cutáneos que se caracterizan por una gran complejidad y diversidad, y que constituyen la denominada microbiota cutánea o DERMOBIOTA, cuyo equilibrio es clave para el mantenimiento de una piel saludable.

¿Cómo afecta el estrés a nuestra piel?

Es fácil entender entonces que todo lo que implique un aumento del estrés en nuestro sistema interno va a afectar a nuestra piel. Cuando padecemos ansiedad y estrés de forma continuada nuestro cuerpo aumenta su producción de adrenalina, noradrenalina  ycortisol, cuya influencia en nuestro sistema hormonal e inmune está más que demostrado. Estos desequilibrios se traducen, en algunas personas predispuestas genéticamente, en la aparición de picor y enrojecimiento, eccemas, urticarias, o reactivación de otras dermatosis crónicas pre existentes que pueden llegar a ser muy discapacitantes, como la psoriasis. 

Pero no sólo por esto el cortisol es el principal responsable de que el estrés se convierta en el enemigo número uno de la piel. La producción de esta hormona provoca que se descompongan el colágeno y la elastina a un ritmo mucho mayor del correspondiente de forma natural, lo que da como resultado la aparición temprana de arrugas y líneas de expresión. Además, la ansiedad también hace que se destruya el ácido hialurónico y daña el ADN celular, afectando, de forma concreta, a la parte encargada de controlar el envejecimiento de las células. 

Es por tanto fundamental intensificar los cuidados de nuestra piel en momentos de crisis o estrés, como el actual. Las buenas noticias son que un buen cuidado de la piel y elegir un estilo de vida saludable pueden ayudarte a retrasar el envejecimiento natural y prevenir diversos problemas de la piel. Comienza con estos cinco sensatos consejos.

Dra. Laura Moya, especialista en Psico-neuro-inmuno-endocrinología.

¿Y cómo cuidamos de nuestra piel?

1. Trata la piel con suavidad: higiene e hidratación adecuadas.

La limpieza e hidratación adecuadas con productos suaves son fundamentales para el mantenimiento de una piel sana. Es importante evitar los jabones o “after shaves” fuertes o irritantes, pues pueden eliminar los aceites naturales de la piel. En su lugar, usa limpiadores suaves a ser posible libres de tóxicos o lo más naturales posible (marcas como Welleda o Ringana tienen estas características).

Limita la duración del baño y usa agua tibia en lugar de caliente. El agua caliente y las duchas o baños prolongados pueden acabar generando mucha sequedad en la piel. Después de lavarte o bañarte, seca la piel suavemente con una toalla dando pequeños golpecitos para que quede algo de humedad en la piel.

Hidratación

Hidratación, hidratación y más hidratación.  Tanto si tienes piel seca como si es mixta, usa a diario una crema hidratante que se adapte a tu tipo de piel. Actualmente hay una amplia gama de productos adaptados a todo tipo de pieles. Esta medida es especialmente importante en personas con tendencia a la sequedad, también llamadas atópicas, personas sometidas a aires condicionados o calefacción alta de forma constante, o las que viven en climas secos y con gran polución.

Para los varones, es especialmente importante afeitarse con cuidado. Para proteger y lubricar la piel, se recomienda aplicar una crema, loción o gel de afeitado antes y después. Es recomendable afeitarse en la dirección en que crece el pelo, no a contrapelo.

2. Protégete del sol

Una de las formas más importantes para cuidar la piel es protegerla del sol. Una vida de exposición al sol puede provocar arrugas, manchas de la edad y otros problemas de la piel, así como un aumento del riesgo de cáncer de piel.

Utiliza un protector solar de amplio espectro que tenga un factor de protección solar de, al menos, 30. Colócate abundante cantidad de protector solar, y vuelve a aplicarlo cada dos o tres horas —o con más frecuencia si estás nadando o transpirando—pues el efecto protector disminuye mucho tras ese tiempo.

Además, como norma general se recomienda evitar o limitar el sol entre las 11 de la mañana y las 4 h de la tarde, cuando los rayos solares son más intensos. Las cabinas de rayos UVA artificial pueden aumentar el riesgo de foto-envejecimiento y cáncer de piel, sobre todo si se usan de forma descontrolada.

Protegerse del sol de forma sensata no genera ningún perjuicio en relación a la metabolización de la vitamina D o en nuestra salud ósea, ya que pocas sesiones de exposición solar a la semana junto con una adecuada ingesta externa son suficientes para garantizarlas.

3. No fumes

Fumar estrecha los pequeños vasos sanguíneos que se encuentran en las capas más superficiales de la piel, lo que disminuye el flujo sanguíneo y da un aspecto más pálido a la piel. Esto también elimina el oxígeno y los nutrientes que son importantes para la buena salud de la piel. Como consecuencia, tu piel un aspecto avejentado y contribuye a la formación de arrugas.

Fumar también daña el colágeno y la elastina, las fibras que le aportan fortaleza y elasticidad a la piel. Además, las expresiones faciales reiteradas que haces cuando fumas, por ejemplo, fruncir los labios al inhalar y entrecerrar los ojos para exhalar el humo, pueden contribuir a la formación de arrugas.

Por último, pero no menos importante, fumar se ha relacionado con un aumento del riesgo de desarrollar carcinoma espinocelular en la piel. 

4. Sigue una dieta saludable

Una dieta saludable puede ayudarte a que te veas y sientas de la mejor manera posible. Come frutas, vegetales, cereales integrales y proteínas magras en cantidades abundantes. La relación entre la dieta y el acné no es clara; sin embargo, de acuerdo con algunas investigaciones, una dieta con alto contenido de aceite de pescado o de suplementos de aceite de pescado, y con bajo contenido de grasas no saludables, carbohidratos procesados o azúcares refinados, podría promover una piel con un aspecto más sana y juvenil. Beber mucha agua también ayuda a mantener la piel hidratada.

5. Controla el estrés

El estrés no controlado puede hacer que la piel se vuelva más sensible y provocar brotes de acné, dermatitis atópica y psoriasis, entre otras dermatosis. Para fomentar una piel sana —y un estado de ánimo saludable—, toma medidas para controlar el estrés. Duerme lo suficiente, establece límites razonables, aprende a reconocer y gestionar tus emociones, acorta tu lista de tareas pendientes, practica yoga y meditación, y tómate el tiempo para hacer las cosas que disfrutas. Los resultados pueden espectaculares con pequeños gestos, permítetelos!

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